Cuervos para aceptar las diferencias y el vuelo por emprender - Francisco Rojas Cárdenas | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Domingo 25 de Febrero, 2018
Cuervos para aceptar las diferencias y el vuelo por emprender | La Crónica de Hoy - Jalisco

Francisco Rojas Cárdenas

Cuervos para aceptar las diferencias y el vuelo por emprender

La mujer del sombrero rojo desea ser madre. Vive sola. Ella encuentra un huevo, o mejor dicho, un huevo la encuentra a ella… Se encuentra los dos, pues.

Y de ese huevo nace un cuervo que la elige como mamá. A regañadientes, ella lo adopta, lo cuida, lo protege, lo regaña, lo acaricia, lo besa, es decir que lo ama. Sin embargo él, que ahora se llama Emilio, no puede evitar la tentación de comer lombrices ni aferrarse a la ventana con los deseos de volar.

Con “Los cuervos no se peinan”, dirigida por Luis Manuel Aguilar “Mosco”, Ánima Escénica vuelve a experimentar con el teatro de títeres, y lo hace con un texto en el que Maribel Carrasco aborda temas fundamentales como el abuso infantil en las escuelas, la adopción, la sobreprotección, el desapego, invita a luchar por los sueños, a no pelearse con lo que somos y a entender nuestras diferencias.

Con la animación de títeres a cargo de Karina Hurtado, Andrés David y Alberto Magaña, esta historia es contada a través de figuras planas de madera que generan movimientos y sonidos toscos, y es que no podrían ser de otra forma cuando se trata de representar cuervos. Sin embargo, la parte visual dulcifica esa imagen que se tiene de un ave de mala reputación. Los muñecos y objetos surgen de la propuesta plástica de Rita Basulto, para que con la realización de Américo García y Lisa Marchand-Fallot se genere una fórmula que recuerda a los libros ilustrados a través de títeres que se salen de lo común. Además, la música de Nathalie Braux sirve como acento para que el proyecto sea agradable a los sentidos.

En “Los cuervos no se peinan”, se agradece ver a actores de la talla de Karina Hurtado y Andrés David, detrás del objeto, desapareciendo de la escena (a pesar de que no se esconden) para que los personajes cobren vida, en una muestra de humildad y respeto hacia el espectador. Por su parte, Alberto Magaña vuelve a mostrar su potencial y se sube al vuelo para enriquecer un proyecto que tiene para crecer aún más.

Me han preguntado para qué edades es “Los cuervos no se peinan”, y eso me hizo pensar que, —más allá de decir si está escrita para quienes tienen entre siete y once años—, es un texto dirigido a las mamás (o papás) de esos niños que acudirán a la función, quienes pueden verse cuidando que a sus hijos no les pase nada y, muchas veces, intentando elegir lo que ellos deben ser. También se aborda el tema del desapego, de cómo decir adiós con amor también colabora en la felicidad. La puesta en escena canta, con graznidos, a la libertad de ser y aceptarnos como somos.

Aún hay funciones para asistir a “Los cuervos no se peinan”. La cita es los sábados y domingos a las 13:00 horas, en el Teatro Vivian Blumenthal, hasta el 18 de marzo.

 

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