¿Indiferentes por naturaleza? - Natalia Matallana Restrepo | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Martes 27 de Marzo, 2018
¿Indiferentes por naturaleza? | La Crónica de Hoy - Jalisco

Natalia Matallana Restrepo

¿Indiferentes por naturaleza?

Una de las cosas que creo que hacemos todos los extranjeros cuando echamos raíces en un país distinto al nuestro, es tratar de entender y comprender aspectos del comportamiento de los que nos acogen con los que nos es difícil identificarnos. Identificación, ponernos en el lugar de, tener empatía, son procesos y virtudes que se necesitan para poder adaptarse a ese lugar que se convertirá en hogar, para poder hacer proyectos y crecer.

No es sólo mimetizarnos usando los mismos modismos, haciendo que suene idéntico el acento, agradeciendo todo hasta el punto de cerrar los ojos ante situaciones que vulneran nuestros derechos, es hablar con los adultos mayores para que nos cuenten cómo fue tal época, es irse a los pueblos donde todavía hay muchas huellas del pasado, es abrirse ante las expresiones culturales populares, ciertas canciones, películas y claro, cómo no, los libros.

El clima de inseguridad, de violencia y de desapariciones forzadas que por estos días me hacen preferir estar haciendo picnic dentro de mi casa con mi familia, esa sensación de incertidumbre, de amenaza constante, de si salgo ¿regresaré?, me han hecho querer saber por qué la gente ha vivido con indiferencia por el dolor ajeno tanto tiempo; yo pensaba realmente que era miedo, que las artimañas del poder para mantenernos controlados eran super efectivas, pero es más que eso, es una especie de apatía y desdén por el dolor de los demás, que aunque toque a casi todas las familias, puede más el arrojarle la misión de enderezar una justicia que muere a un sistema tóxico que finge que actúa, en lugar de exigir, mover, reclamar, dejar de callar.

Hay un libro básico que es requisito en casi todas las secundarias mexicanas, El laberinto de la soledad del Nobel, Octavio Paz, el cual debí haber leído cuando llegué a vivir aquí. Porque no es lo mismo repasar algunos textos en mi clase de literatura latinoamericana en Colombia, cuando no tengo referentes sobre lo que describe el autor, a cómo ahora veo al país que me acoge, quizá si lo hubiera leído en cuanto llego, no hubiera llorado tantas veces al llegar a casa después de unos rounds con mis compañeros del trabajo, porque no me identificaba, no me hubiera dado tanto coraje ir a hacer un trámite, sabría jugar el juego.

La indiferencia es mi tema por estos días, así que saqué algunas citas del ensayo: “Máscaras mexicanas”, de este libro de cabecera, como diría Ricardo Cayuela Gally, en el prólogo de “Las palabras y los días”, una antología introductoria a la obra de Octavio Paz del Fondo de Cultura Económica: el corazón de la obra del Nobel “sobre el ser y estar en el mundo de los mexicanos”.

 “El estoicismo es la más alta de nuestras virtudes guerreras y políticas. Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles – como Juárez y Cuauhtémoc – al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos (…) Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad”. 

Las instituciones no funcionan sólo por la corrupción, no sirven porque en nuestro imaginario colectivo está la admiración por las víctimas fuertes, que tienen que sacar la garra, que no importa si las dejan solas y son ellas las que tienen que buscar a sus desaparecidos, no, a ellas las admiramos por esa fortaleza de tener que defenderse como fieras de un sistema que saben que existen, pero a las que le son indiferentes. Porque en la narrativa del mexicano es más valioso este tipo de héroe que tiene que luchar a pesar de que sus derechos han sido vulnerados mil veces. Aquí no importa el delito ni los derechos violentados, es la víctima que se convirtió en héroe o en heroína, eso es lo que es admirable. La dejan sola para contemplarla.

“Todos los días el mexicano es un hombre que se esfuerza por ser formal y que muy fácilmente se convierte en formulista. Y es explicable. El orden – jurídico, social, religioso o artístico- constituye una esfera segura y estable. En su ámbito basta con ajustarse a los modelos y principios que regulan la vida; nadie para manifestarse, necesita recurrir a la continua invención que exige una sociedad libre (…) la peligrosa inclinación que mostramos por las fórmulas – sociales, morales y burocráticas – son otras tantas expresiones de esta tendencia de nuestro carácter. El mexicano no sólo no se abre; tampoco se derrama”.

¿Será por esto que siempre le dejamos a los otros que resuelvan el problema?, no creemos en las instituciones, no cumplen su función,  pero si están ahí es por algo, pues que ellas lo resuelvan. Si vamos a poner una denuncia y nos convencen de desistir, no insistimos, no exigimos, si lo hacen es porque así es el proceso ¿así es como debe ser? Afortunadamente algo está cambiando, el cansancio se está haciendo sentir, se puede oler la esperanza de un país distinto para nuestros hijos, hay que dejar de pensar que la indiferencia es parte de la naturaleza y salir a exigir un país en el que la vida sea sagrada.

@nataliavuela

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