Cuando la distancia nos cambia ¿quiénes son los que nos acompañan? - Natalia Matallana Restrepo | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Miércoles 04 de Abril, 2018
Cuando la distancia nos cambia ¿quiénes son los que nos acompañan? | La Crónica de Hoy - Jalisco

Natalia Matallana Restrepo

Cuando la distancia nos cambia ¿quiénes son los que nos acompañan?

Las puertas que bajan del cielo se abren sólo por dentro. Para cruzarlas, es necesario haber ido antes al otro lado con la imaginación y los deseos. [...] Una buena dosis de la esencia de este valor imprescindible tiene que ver, aunque no lo sepa o no quiera aceptarlo un grupo grande de mujeres, con las teorías y la práctica de una corriente del pensamiento y de la acción política que se llama feminismo. Saber estar a solas con la parte de nosotros que nos conoce, voces que nunca imaginamos, sueños que nunca aceptamos, paz que nunca llega, es un privilegio de la estirpe de los milagros. Yo creo que ese privilegio, a mí y a otras mujeres, nos los dio el feminismo que corría por el aire en los primeros años setenta. Al igual que nos dio la posibilidad y las fuerzas para saber estar con otros sin perder la índole de nuestras convicciones. Entonces, como ahora, yo quería ir al paraíso del amor y sus desfalcos, pero también quería volver de ahí dueña de mí, de mis pies y mis brazos, mi desafuero y mi cabeza. Y pocos de esos deseos hubieran sido posibles sin la voz, terca y generosa, del feminismo. No sólo de su existencia, sino de su complicidad y de su apoyo”.

Ángeles Mastretta, El cielo de los leones.

Radicarse en otro país no es encontrar la vasija de monedas de oro al otro lado del arcoíris. Esa aventura conlleva cargar con un equipaje muy pesado. No, no son los libros y los álbumes de fotos que engordamos en la casa de los padres, es el riesgo que implica alejarse de los seres que amas, esos que te han acompañado en momentos claves de la vida, que te han visto llorar o con quienes has reído a carcajadas. Es un riesgo, un volado, un carisellazo,  porque si estando cerca de ellos todos cambiamos, vemos la vida, el país, el amor y la familia de formas distintas, con kilómetros de tierra y nombres de océanos de por medio es mucho más fuerte esa transformación, porque al estar en contacto con culturas distintas, con realidades tan distintas a las de nuestro país de origen, se cambian paradigmas, se nos caen los velos, porque hay que convivir en este nuevo territorio, hay que compartir y compartir significa estar abierto al otro, escucharlo, tratar de comprender por qué es así su visión, en todo caso, nunca volvemos a ser los mismos.

En esta reflexión íntima y salida de la crisálida, descubrimos que hay personas que nos acompañarán en la metamorfosis, qué alegría, porque semejante aventura de construirnos en un lugar que siempre se sentirá ajeno, no puedo imaginármela en soledad. Pero algo ocurre en el camino: muchos de estos seres no son los que se identificaban con nosotros antes o viceversa, amigos o familiares con los que había cierta complicidad, se alejan o nosotros mismos nos distanciamos, porque ya no hay esa química de antes, porque nuestras propias vivencias en la distancia, nos han hecho de formas diferentes, con otras expectativas, otros intereses, otros gustos y ya se hace imposible coincidir.

Es todo un duelo, y hay enojo y frustración de querer forzar un vínculo, de querer presionar, de que tratemos de mirar la vida como ellos la ven o forzamos a que ellos intenten de ver lo que nosotros hemos vivido, olvidando que nuestro nuevo hogar nos ha mostrado las cosas con otros lentes, no nos interesa compartir, aceptar la diferencia, no, hacemos presión para que el vínculo siga intacto, cuando somos otros y nos miramos como desconocidos.

Comparto un fragmento de un libro de Ángeles Mastretta , porque una de las cosas más positivas que me ha dado México ha sido conocer a varias mujeres feministas, que fueron mis compañeras de trabajo, las que me enseñan cada día, mujeres luchadoras, creativas, su compartir me ha dado un sustento y una explicación a situaciones muy injustas que he vivido en el que ahora es mi país, si no fuera por estos lentes que me hacen ver las cosas diferentes, quizá no hubiera podido seguir construyendo mi hogar aquí, me ha hecho más fuerte y le ha dado un sentido mucho más rico a mi labor como mamá.

Me encantaría que todas esas personas que hacen parte de mi pasado me acompañaran, pero algunos continúan su viaje hacia otros lugares con los que no me identifico, otros se quedan varados en estaciones esperando el tren que nunca llega, siempre con el mismo equipaje, las mismas ideas, los mismos prejuicios. De ellos me despido. De los otros, quizá nos encontremos luego en otra aventura, no sería lo que soy sin haber disfrutado de su presencia y estoy segura y feliz de haber dejado algo valioso en su vida, eso me pone contenta. Fallamos al querer la perfección en el otro, cuando en realidad somos un manojo de errores, el reto es aceptar esos errores y bancarnos esa aventura que se llama amistad o familia.

@nataliavuela

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