El Espejo Histórico: ¡Independencia o muerte! | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Junio, 2018

El Espejo Histórico: ¡Independencia o muerte!

El Espejo Histórico: ¡Independencia o muerte! | La Crónica de Hoy - Jalisco
El brigadier José de la Cruz

Las fuerzas iturbidistas se habían apoderado, sin disparar una sola bala, de Valladolid, hoy Morelia, capital de Michoacán. Tras esta victoria, Iturbide recibió buenas noticias de la Nueva Galicia. Antes de iniciar su campaña en las tierras michoacanas, se entrevistó con el general José de la Cruz, comandante y jefe político de la Nueva Galicia. Lo invitó a sumarse a la causa independentista. Nada decidió el general De la Cruz; mantuvo una posición neutral.

En cambio, brigadier realista, Pedro Celestino Negrete, hacía preparativos para apoyar la causa, sin haberse pronunciado todavía. En la villa de San Pedro Tlaquepaque, cercana a Guadalajara, Negrete reunió una fuerza importante. Desde allí daba instrucciones al coronel José Antonio Andrade y al capitán Eduardo Lariz, militares realistas que permanecían dentro de la ciudad a la espera de que Negrete les ordenara pronunciarse a favor de la independencia.

Andrade capitaneaba una parte del regimiento de dragones de la Nueva Galicia y Lariz, por su parte, resguardaba la artillería depositada en la Casa de Misericordia[1]. Para evitar cualquier acción aventurada que complicara el pronunciamiento, Negrete les aconsejó a los oficiales tener paciencia y aguardar; precipitarse resultaba riesgoso por el momento. De la Cruz aún disponía de las fuerzas de Hermenegildo Revuelta, las cuales se encontraban a poca distancia.

Al final ganó la impaciencia sobre la prudencia. El Brigadier no tuvo más remedio que disponer para el 16 de junio el pronunciamiento, más el ansía de los militares realistas desafectos fue tan grande que la fecha tuvo que adelantarse cuatro días.

                Y así fue. A la voz de “Independencia o muerte” (Verdía, 1952: 212)[2], la tarde del 12 de junio de 1821, en San Pedro, el brigadier Pedro Celestino Negrete reunió a la oficialidad de su división para decretar la independencia de México en los territorios de la Nueva Galicia. Al día siguiente, según refiere Pérez Verdía, se volvieron a reunir a las diez de la mañana para jurar el Plan de Iguala, en la casa de un señor de apellido Kunhardt ubicada en la calle principal.

El primer paso estaba dado. El tren de la historia siguió su marcha. Tras conocer la noticia, Lazis dispuso que la artillería bajo su custodia, y preparada para contener cualquier sublevación o motín, fuera reubicada para protegerse de la guarnición de la ciudad por si ésta se decidía a atacarlos, mas ocurrió lo contrario. Los soldados que conformaban la guarnición, alentados por Andrade, proclamaron también la independencia y se unieron a las fuerzas de Lariz.

Rodeado de enemigos o desleales, sin percatarse de su total abandono, De la Cruz, el otrora campeón en la lucha contra la insurgencia, se dirigió al hospicio con la esperanza de activar y movilizar sus últimas armas y hombres; con ellos pretendía sofocar el motín popular. Pero todas las puertas se le cerraron al General. Sin faltar a la cortesía que los rangos demandan, sobre todo entre militares de honor, Lariz recibió a De la Cruz y en términos respetuosos “le pidió que se retirara porque no era ya obedecido”.

 

[1] A este inmueble que servía para alojar y asistir a niños abandonados se rebautizará en honor de su fundador con el nombre de Hospicio Cabañas.   

[2] Pérez Verdía, Luis. Historia del Estado de Jalisco. Tomo II, Gráfica, 1952.

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