Letras REbuscadas: De geishas a "idols" | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Martes 10 de Julio, 2018

Letras REbuscadas: De geishas a "idols"

Letras REbuscadas: De geishas a

En el Japón antiguo los varones pagaban por la compañía de mujeres bellas, cultas y refinadas que vestían con recato y maquillaban de blanco sus rostros; esa era su marca, el distintivo de estas damas que jamás conocían marido; que desde niñas eran entrenadas para hacer experimentar a sus clientes todos los deleites prescritos en el abanico de los placeres de la carne y el espíritu.

Es decir, la geisha entretenía no sólo con sus femeninos encantos que sabía ocultar y exaltar a la vez entre sedas y afeites; esta mariposa hecha mujer danzaba, recitaba poesía, tocaba música y sobre todo sabía conversar; antes de ofrecer su cuerpo extasiaba en las tertulias con los encantos de su cultivada alma.

Que los soldados estadounidenses, que invadieron las derrotadas tierras niponas, las hayan confundidas con vulgares prostitutas les conllevó una inmerecida fama en Occidente.

A la prostituta se le desea, sin mayores preámbulos, su vulgar cosificación rompe todos lo recatos y hace expedito el exigir y dar placer; a la geisha en cambio se le admiraba, seducía con su arte y encanto.

Al japonés siempre le ha gustado la compañía femenina de alquiler que no obliga, forzosamente, el encuentro genital; como sus ancestros, también tienen en una alta estima la doncellez y les encanta verla cristalizada en jovencitas en las que reverbera la inocencia y la belleza.

La geisha ya es un objeto del deseo perdido en el pasado; igual que la china poblana; este personaje femenino, símil a la geisha, era flor de cantina que sabía cantar los vernáculos versos de la música del México campirano; algunas tocaban la guitarra y los tahúres, que apostaban en el juego de naipes su fortuna, apreciaban y pagan por su compañía; eran también pareja de baile y alcoba de sus clientes.

Pero como dije, geishas y chinas poblanas están casi extintas; sin embargo, en el caso de Japón, ahora reinan, están de moda, en este tipo de relaciones desiguales entre varones y jovencitas (en Occidente hablaríamos de los sugar daddy y lolitas) un nuevo tipo de personaje, uno más acorde o que encaja mejor en ese mercadológico mundo de oropel tecnológico identificado como cultura de masas; su nombre en la farándula nipona es idol; este término define a un tipo de artista que canta y baila música J-Pop en las que entran desde niñas hasta jovencitas de más de 20 años; su sello o distinción es su halo de lindura; o como diría los japonés son kawaii.

Su principales fans son hombres mayores de 30 años, llamados otakus; esta fanaticada de varones citadinos, solos y tímidos, suelen admirar con frenesí a las idols; experimentan por ellas una especie de platonismo paidofílico; en otras palabras, las ven, freudianamente, como sus hermanitas a las que apoyan comprando sus discos y asistiendo a sus conciertos para que puedan cumplir su sueño de convertirse en grandes estrellas.  

Como ocurría con las antiguas geishas, las idols no son como las divas occidentales; la mayoría de estas 10 mil jovencitas y niñas suelen presentarse en pequeños salones en los que concurren poco más de un centenar de seguidores; esta artistas terminan sus presentaciones firmando autógrafos, tomándose fotos con sus fans e intercambiando con ellos palabras de gratitud y afecto.

Triste realidad de una sociedad famélica de amor de proximidad y correspondencia, muchos otakus renuncian a una vida afectiva real, a tener una novia o una esposa, por seguir a su artista.

El mundo de las idols les monta una realidad de fantasía donde pueden vivir también su sueño de idolatrar una inalcanzable damita que, a cambio de su admiración y dinero, les retribuye con una tierna sonrisa o con un efusivo saludo. 

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