El Espejo: Jalisco en la historia. Batalla de estancia de vacas | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Viernes 09 de Noviembre, 2018

El Espejo: Jalisco en la historia. Batalla de estancia de vacas

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El alto mando constitucionalista logró levantar un nuevo ejército; por muchas batallas que perdieran los liberales lograban reponerse y reclutar nuevas tropas para seguir en pie de guerra; a un enemigo así no se le podía dar la estocada final. Para finales de 1859, los constitucionalistas se aventuraban por el Bajío, por tierras conservadoras, con un ejército de 6 mil hombres y una nutrida artillería de 29 cañones; mandaba aquel ejército el general Degollado. Sorprendido por aquella incursión, Miramón tomó providencias; le ordenó al general Francisco Vélez replegarse de Guanajuato a Querétaro donde sumó sus fuerzas con las del general Tomás Mejía, entre ambos contabilizaron tres mil soldados y 19 cañones; para reforzar este contingente, le ordenó Miramón al general Woll salir de Zacatecas y marchar con toda celeridad para Querétaro; a Márquez le solicitó el envío de una brigada al Bajío; y él mismo tomó la diligencia junto con su estado mayor y partió de la Ciudad de México para ponerse al frente de estos ejércitos (Cambre, 1949, pág. 283).

            Siendo Degollado un hombre de entendimiento y de trato cordial pretendió ganar con razones y acuerdos una batalla que al final perdería (como muchas otras); le solicitó a Miramón una entrevista con la intención de persuadirlo de someterse a los poderes constitucionalista; fue aquella una pérdida de tiempo que el estratega conservador supo capitalizar para darle tiempo a Woll de llegar; quien no le respondió fue Márquez (ya tendría ocasión el Joven Macabeo de cobrarle su desacato). Como lo refiere el historiador José Fuentes Mares, citando la correspondencia entre Miramón y su esposa Concepción Lombardo; sin ninguna diplomacia el general conservador le promedió a Degollado derrotarlo ese mismo día (Fuentes Mares, 1978, pág. 70).

            Tenía Miramón la bravura y el genio militar para sostener esa promesa, lo que le faltaban eran los números; su enemigo le aventajaba en soldados y en artillería; más no sería la primera vez que luchaba con desventaja. El 13 de noviembre, en Estancia de Vacas enfrentó a la tropa liberal capitaneada por Degollado; la cual, en un primer movimiento, dobló las alas izquierda y derecha de su ejército; su centro se mantuvo firme gracias al apoyo de la artillería de Oronoz. Esta obstinada resistencia les costó muchas bajas a los liberales; al final, la disciplina del ejército regenerador se impuso y de estar casi derrotado alcanzó para medio día la victoria; los liberales se replegaban vencidos reportando 270 muertos y un número similar de heridos; además habían perdido trenes y armamento (Islas García , 1989, pág. 149). Refiere Pérez Verdía que la derrota de Degollado fue ocasionada por la cobardía del General Doblado: “que con más 2 mil hombres de la reserva, huyó sin disparar un tiro al principio de la batalla” (Pérez Verdía, 1952, pág. 93).

            Tras su victoria, Miramón enfiló para Guadalajara; entró en la Ciudad el día 19 de noviembre, a las dos de la tarde, en medio de salvas y repiques; el día 20, en el Palacio Episcopal, habilitado como despacho de gobierno, fue homenajeado por los soldados y la población en general (Islas García , 1989, pág. 149). Miramón estaba en la Ciudad para saldar cuentas con Márquez, cuyo auxilió en la batalla ganada jamás recibió y tenía el pretexto perfecto para cortarle las alas y las ínfulas al vencedor de Tacubuya.

 

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