Dogmatismo y democracia - Miguel Ángel Martínez Espinosa | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Lunes 03 de Diciembre, 2018
Dogmatismo y democracia | La Crónica de Hoy - Jalisco

Miguel Ángel Martínez Espinosa

Dogmatismo y democracia

No cabe duda de que Andrés Manuel López Obrador es un personaje del que difícilmente se puede tener una visión neutral. Polariza sin lugar a dudas: o es el redentor que la patria esperaba o es el demagogo incompetente que llevará a la quiebra al país. En general trato de darle al análisis la objetividad que merece este espacio periodístico, pero el discurso del presidente en su toma de protesta no deja lugar a dudas. Está decidido a polemizar. En lugar de hacerse cargo de que es presidente de todos, decide seguir instalado en la retórica de campaña.

El dogmatismo y la ignorancia casi siempre son adjetivos que van juntos. Se es dogmático cuando no se tiene el suficiente acceso al pensamiento universal como para entender que la realidad tiene diferentes formas de acceso y respecto de ella hay tantas opiniones como personas que la miran o se atreven a interpretarla. A fuerza de tratar y discutir con personas que piensan distinto, se acostumbra uno a moderar sus juicios, a completar sus visiones y a reconocer que uno puede estar equivocado (lo que ocurre con mayor frecuencia de lo que uno mismo desearía).

Interpretar la realidad sin matices, condenar a los opositores, instalarse en un discurso que mágicamente y sólo por el hecho de pronunciarlo cambia definitivamente la realidad, son coas que pueden estar bien para una campaña, pero que son dañinas cuando de ejercer el poder se trata.

El ejercicio del poder, frente a los desafíos que tiene la época presente, exigiría la apertura a escuchar e incorporar otras voces, otros puntos de vista en lo que pretende ser la solución a los problemas que son complejos.

Esta patria nuestra tan llena de problemas no requiere la sustitución un dogmatismo o una amarilla por otra. Es cierto que quien recién se instala en la silla presidencial, tiene la legitimidad, derivada del voto público expresado en forma contundente, que le permite tener una presidencia fuerte, como hacía más de dos décadas que un presidente no tenía. Pero no le da derecho a pensar que el sólo, por ser “bueno” y los otros los malos del cuento, puede imponernos su punto de vista.

Tal vez lo más peligroso del momento sea no el exabrupto de Taibo, sino la soberbia que encierra. Creerse santo, sabio e infalible y tener la sumisión del Congreso, les puede hacer caer en la tentación de someter a la Corte, a los poderes estatales y a los municipios. Al desconocimiento de la geopolítica, de los principios económicos fundamentales, de las reglas exigidas por la globalidad, se suma la tentación de convertirse proto al modelo en que se formó: la escuela autocrática del viejo régimen.

Mientras tanto, seguimos abonando al diálogo como condición de la política en un régimen democrático al tiempo que presenciamos la penosa sucesión de iluminados, deseando sinceramente que el actual no produzca el daño que amenaza con hacerle al país. Tal vez sea ese el alto precio que el país tiene que pagar par aprender a ser demócrata.

 

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