Letras Rebuscadas: Luciferismo televisivo. Sabrina y su mundo oculto | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Martes 01 de Enero, 2019

Letras Rebuscadas: Luciferismo televisivo. Sabrina y su mundo oculto

Letras Rebuscadas: Luciferismo televisivo. Sabrina y su mundo oculto | La Crónica de Hoy - Jalisco

El poeta francés Charles Baudelaire una vez dijo que la mejor treta del demonio es convencer a la humanidad acerca de su inexistencia.

De ser cierta la frase, el señor oscuro lo ha hecho muy bien; el mal para la sociedad post moderna carece de cola y cuernos; el diablo como entidad supra-natural  ya no tiene lugar en la lista de temores de los jóvenes y niños; el diablo para ellos es simplemente un personaje de televisión, del cine o de los cómics (como “Hellboy”).

Y es precisamente en las nuevas tecnologías de la comunicación donde reaparece para darnos un buen susto; uno que nos saque de la monotonía de una realidad sin magia ni espiritualidad.

Una vida reducida a su materialidad nunca ha agradado del todo al ser humano; somos seres religiosos por naturaleza que deseamos lo intangible y trascendente a nuestra condición mortal.

Lo espectral, lo demoniaco, suscita nuestra mórbida curiosidad; el diablo nos atrae aunque ya no creamos en él; nos entretiene, es para el común de las personas un ser terroríficamente lúdico o divertido.

La nueva serie de Netflix, El Mundo oculto de Sabrina sabe explotar este contradictorio sentimiento de atracción y repulsión hacía lo demoniaco. No es como tal una serie de terror o de horror, pero juega con descaro con nuestros arcaicos miedos a ese ser que se disputa con Dios la posesión de nuestras almas.

El argumento de la serie es simple: Sabrina es una jovencita mestiza; es fruto del amor entre una mujer mortal y un brujo; por su doble naturaleza no encaja en ninguno de los dos mundos (el humano y el brujeril). La brujita está en la disyuntiva que conlleva su bautizo oscuro (el que debe recibir cumplido sus 16), puede, después de recibirlo, integrarse plenamente a su aquelarre o comunidad de brujos entregándole su alma al diablo o tiene la opción de rechazarlo y seguir con su vida de adolecente ordinaria; la cual no es tan mala; tiene buenas amigas y un cariñoso y guapo novio que la ama de verdad.

El señor oscuro (eufemismo de Lucifer) le ofrece poder e inmortalidad; pero ella es feliz y sobre todo libre con los humanos. La serie explica bien de qué trata el satanismo; lo asocia con la brujería desconociendo la idea de que hay una magia blanca en disputa con la negra: todos los brujos son lacayos de Satán y han pactado con él la obtención de sus dones y poderes. Sólo hay bien y mal; Dios y el Diablo. Uno escoge.  

La serie puede despertar entre cierto público, sobre todo joven, un cierto interés e incluso simpatía por el tema del luciferismo o el satanismo; a los cuales asocia con prácticas como la nigromancia y el canibalismo. La Iglesia de Satanás se quejó con los realizadores de la serie por estas “difamaciones” y por la utilización de la imagen de Baphomet sin su consentimiento.

Sabrina, la bruja adolescente, serie de los años 90, era una comedia ligera y de ocasión, su nueva versión es todo lo contrario además de sus recreaciones de rituales demoniacos y sus referencias a los dogmas de la Iglesia oscura; también tiene muchas referencias a la homosexualidad y al feminismo militante y combativo.

Sabrina es un claro ejemplo de cómo el luciferismo ya no necesita ocultarse; ya no existe una inquisición combatiéndolo; y de cómo ha sabido infiltrarse en la cultura pop o en la que yo denomino como Esoterismo de masas.

Tal parece que el Diablo ya no juega ocultarse ahora es toda una celebridad en el mundo del entretenimiento.

Necesitaremos hacerle un exorcismo a nuestras pantallas o computadoras habrá que preguntarle al padre José Antonio Fortea.         

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