Superhéroes al diván: La Mole. Una gran fealdad conlleva también un gran poder | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Miércoles 23 de Enero, 2019

Superhéroes al diván: La Mole. Una gran fealdad conlleva también un gran poder

Superhéroes al diván: La Mole. Una gran fealdad conlleva también un gran poder | La Crónica de Hoy - Jalisco

En la modernidad ser feo es una ofensa; una transgresión.

Fieles a un elevado canon de belleza y lozanía, muchos consagran su existir a la tarea de lucir una fisonomía juvenil y agraciada.

Los gimnasios están llenos de vigoristas entregados a un patológico culto al cuerpo; otros menos disciplinados tienen una insana afición por las cirugías plásticas: como fue el caso, muy comentado, en la prensa rosa, del extinto Michel Jackson, el rey del pop.

Belleza o muerte, esa es la consigna. Por ende los desagraciados, los de aspecto repulsivo deberán ser las personas más desdichadas; así le ocurre a un ser de apariencia rocosa, del Universo Marvel, el desdichado sufre por ser feo; y espera de su mejor amigo, el hombre más inteligente, el científico supremo: Reed Richard, la cura que revierta los efectos de su accidental mutación y así volver a tener nuevamente su viaja y ordinaria apariencia.

Quiere dejar de ser un monstruo del que todos se asombran o burlan. Este individuo, integrante de los Cuatro Fantásticos, es el fuerte de la formación, lleva por mote, uno muy despectivo, la Mole o la Cosa.

Sus crisis existenciales lo han llevado a renunciar ya en varias ocasiones a su alineación; en un par de ocasiones ha recuperado su forma humana; e incluso ha encontrado el amor, en una mujer invidente.

Casi tan fuerte como Hulk, protagonizó con él una épica pelea en la que la fuerza y musculatura gama se impusieron al poder rocoso.

Su fealdad trajo aparejada precisamente un enorme poder, es de los fuertes del Universo Marvel (está en el rango superhumano clase 100); pero él renunciaría a ello con tal de poder caminar por la calle tranquilo y desapercibido.

                Como es sabido, Benjamín Jacobo Grim, como es común y casi repetitivo en los personajes de Marvel, tuvo una infancia difícil con un padre alcohólico y un hermano metido en líos de pandillas; obtuvo una beca deportiva universitaria; sólo así pudo estudiar; llegó a convertirse en un experimentado piloto y diseñador de aviones. Fue en éstos sus días de estudiante que conoce al futuro Mr. Fantástico, traba con él una entrañable amistad y lo secundó en su proyecto de construir una nave capaz de llegar al hiperespacio; le ofreció manejarla. Esta decisión será su condena.

En su viaje de prueba, la nave es repentinamente bombardeada por una “lluvia” rayos cósmicos. Todos los tripulantes regresan con superpoderes. El “Guapo” Ben no fue la excepción; obtuvo súper fuerza e invulnerabilidad, pero pagará por tales dones un alto precio; se convertirá en un ser, como ya lo hemos dicho, de apariencia rocosa.

Aunque siempre ha culpado a su amigo Reed de su desgracia; no por eso lo odia; siguen siendo amigos; y le ha servido, literalmente, de guardaespaldas.

En el Universo Marvel, hay toda una raza mutante que sufre por su apariencia extraña o deforme, se llaman los Morlocks; estos mutantes no han podido pasar desapercibidos como otros mutantes por no tener, en su mayoría, una apariencia humana o porque sus poderes o habilidades son desagradables o peligrosos; por eso viven en los túneles subterráneos del drenaje de Nueva York, apartados y ocultos.

El “Guapo Ben” a diferencia de los Morlocks, jamás se ha ocultado; ha habido momentos en su vida que ha aceptado su suerte resignado a que su gran poder, su fuerza colosal, con la que ha combatido a supervillanos, lleva aparejada un enrome precio, su singular o monstruosa fealdad. 

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