Cómprame un revólver: la inocencia jugando en el infierno | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Viernes 10 de Mayo, 2019

Cómprame un revólver: la inocencia jugando en el infierno

Cómprame un revólver: la inocencia jugando en el infierno | La Crónica de Hoy - Jalisco

En los últimos años, una buena parte del cine mexicano que ha sido mayormente reconocido a nivel mundial ha destacado por su compromiso por reflejar su realidad social.

Los cineastas han encontrado en el séptimo arte la manera de poner el foco para exponer, reflexionar o crear consciencia, sobre todo en temas como la manera en que el narcotráfico se ha esparcido por el país, ya no sólo como una ola de violencia sino como una forma de vida.

El narcotráfico ha sido un virus para una sociedad lastimada. Filmes como Heli (2012), de Amat Escalante; la trilogía de la pícara narcoviolencia de Luis Estrada o Miss Bala (2011), de Gerardo Naranjo, nos mostraron de la manera más frívola que el narcotráfico es una situación alarmante, aunque no tanto como lo han mostrado documentales casi desesperanzadores como Narco Cultura (2013), de Shaul Schwarz; Tierra de Cárteles (2015), de Matthew Heineman, y, sobre todo, La libertad del diablo (2017), de Everardo González, con los que hemos visto al demonio de las drogas a los ojos, quedando tocados por el miedo.

En medio de esa preocupación cinematográfica llega Julio Hernández Cordón con una propuesta tan deprimente y desilusionante —igual que la realidad que refleja—, como contundente y sensible por su valor estético y narrativo, con un filme que toma, en cierto modo, el estilo de películas como Vuelven (2017), de Issa López, quien recurre a elementos fantásticos para reforzar la lucha entre inocencia y terror que viven un grupo de niños en un barrio bravo.

En Cómprame un revólver (2018), Julio Hernández Cordón también nos muestra la historia de un grupo de niños y su desoladora vida cotidiana, centrándose especialmente en el caso de una niña que se viste de una manera extraña para ocultar su género, y no sumarse a la alta cifra de feminicidios que ocurren en el país.

Ella usa una máscara de Hulk y ayuda a su atormentado padre a cuidar un campo de beisbol abandonado donde juegan traficantes de drogas. La historia está tomada desde el choque emocional que puede generar la poesía visual que el cinefotógrafo Nicolás Wong propone para mantener la trama entre la luminosidad inocente y esperanzadora de los niños, con la oscuridad que genera el entorno violento del narcotráfico.

Un estilo que Hernández Cordón ha manejado en su narrativa en filmes anteriores, pero, especialmente con su anterior obra Te prometo anarquía (2015). Si el espectador lo permite, el fi lme puede ser tan profundo como su sensibilidad lo permita.

Es una historia desgarradora vista a través de la mirada de una niña valiente. Hay tensión, hay escenas brutales y deprimentes, y aun así hay humanidad, la que nos puede compartir una niña que ha vivido en el infierno, pero se niega a dejar de jugar como los ángeles. Un filme imprescindible del cine mexicano reciente.

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