Opinión


Última lección

Última lección | La Crónica de Hoy

El profesor quiso dar su última lección. Había un buen número de graduados que a partir de ese día serían llamados ingenieros. Les habló de los inventos. Cada vez que se rompe un paradigma se toca el límite, pero solo para transformarlo en un nuevo reto. La lección era: si crees que estás poniendo tu última piedra es todo lo contrario, esto apenas comienza; y tu compromiso social es crear patrimonio humano.

Inventar es una actividad transformadora del paisaje humano. Se inventa de todo. Algunos inventos llegan a patentarse. La primera patente en la historia de Estados Unidos es de 1790, y en 2018 se entregó la número 10.000.000. Más de la mitad de estas se han emitido en los últimos 30 años; sin duda una marcada tendencia al alza en la innovación.

La óptica profesional incluye un compromiso con las demandas sociales. Lowell Wood, el estadounidense que con su patente 1,085, superó en 2015 el récord ostentado desde 1933 por Tomás Edison en número de patentes, se dedica a inventar soluciones a problemas vigentes: hambre, crisis ambiental; están ahí esperando su turno. La ciencia, la tecnología y las grandes ideas están para resolver.

Así, la tecnología de la bombilla patentada por Edison en 1880 vino a iluminar el paisaje social; o la idea del rollo de papel higiénico que SethWheeler patentó 11 años después, vino a simplificar formas.

Es el caso de las cuatro nuevas grandes invenciones que, polémicamente, China se está adjudicando en su afán por legitimarse como potencia mundial que asume desafíos actuales: ferrocarriles de alta velocidad, compras en línea, pagos móviles y bicicletas compartidas.

Es que todos podemos hacer algo. Y, como dice Wood: “la esperanza de hacerlo no es optimismo ignorante, es que es inevitable que lo hagamos”.

Pues bien, ¡hagámoslo!

roruiz@up.edu.mx

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