Opinión


Andrzej Sapkowski

Andrzej Sapkowski | La Crónica de Hoy

Aquí y allá, en altos edificios y fugaces paradas de camión, pudieron verse posters de “The Witcher”, la más reciente adaptación de la “Saga de Gerarlt de Rivia”, o la “Saga del brujo”, serie de cuentos y novelas de capa y hechicería, o fantasía heroica, que el escritor polaco Andrzej Sapkowski comenzó a publicar en la ya lejana década de 1980.

Estoy seguro, y no pueden mentir al respecto, que la imagen de Henry Cavill (aka Superman) con largo cabello blanco y empuñando una espada capturó, una y otra vez, su atención (y no estoy asumiendo que las contrapartes femeninas no hicieran también lo propio).

Incluso, me encuentro también completamente al tanto, que muchos fans del afamado videojuego dedicaron a los carteles un vistazo (incrédulo pero esperanzador) a la que prometía ser la serie definitiva sobre la obra.

            La peculiaridad de la colección, más allá de los numerosos libros que la componen, tiene que ver un poco con su concepción: Sapkowski, tengo entendido, no concibió su obra como una saga; hubo en 1986 un concurso por la revista polaca “Fantastyka” y nuestro autor, con un cuento ubicado en lo que más adelante sería parte de un complejo mundo, obtuvo un honroso tercer lugar.

Nuevas historias se irán concibiendo, y publicando, hasta formar un primer volumen y otro después: vendría más adelante una primera novela y el cambio, definitivo, en el orden cronológico de lectura.

La saga, en un orden de acercamiento recomendado, comprende: “El último deseo”, “La espada del destino”, “La sangre de los elfos”, “Tiempo de odio”, “Bautismo de fuego”, “La torre de la golondrina”, “La dama del lago”, “Camino sin retorno” y“Estación de tormentas”.

            ¿Y de qué va, entonces, la “Saga de Gerarlt de Rivia”? Geralt es, básicamente, un feroz cazador de recompensas. Desde pequeño, y a través de duros entrenamientos, de la ingesta de infusiones venenosas, obtuvo habilidades superiores a las de una persona común.

Como cazador de monstruos, condición que más que un privilegio le depara un destino oscuro y desesperanzador, va de pueblo en pueblo cobrando por sus servicios; pero en mundo de hombres, elfos, gnomos y trolls, su condición de brujo lo persigue constantemente.

Dilemas morales, violentas y bien descritas peleas van llenarnos el ojo…  

 

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