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Escalpelo (cuento)

"... El doctor aparece en pantalla y dice “El trasplante de labios es una de las cirugías de mayor dificultad, espero que la paciente resista... ”

Escalpelo (cuento) | La Crónica de Hoy

El médico comentó “cuente hasta diez”. Mientras, la mascarilla para oxígeno cubre nariz y boca de la paciente. Debido a la anestesia, los ojos de ella reflejan tranquilidad y calma, respira profundo y su boca entona: uno, dos, tres (tragaba aire), cuatro; cinco; seis (lento, sus ojos se cerraban); siete. O-cho… nue… La paciente duerme. María observaba esta escena desde su cuarto a través del televisor que, emitía un documental donde la protagonista y un grupo de médicos, iban juntos a cirugía. El doctor aparece en pantalla y dice “El trasplante de labios es una de las cirugías de mayor dificultad, espero que la paciente resista”.  María revisa la hora en su reloj de pulsera, este marca  diez a las seis; Miguel, su novio, pasará por ella a las 7:00 pm, “lo recibiré con un beso” piensa María. Ella tiene tiempo de sobra para ducharse; lo hace. La T.V. sigue encendida.

Para su cita con Miguel, María eligió un vestido azul ligero, un peinado sencillo y un maquillaje discreto. Con sus cosméticos en mano, se mira a través de un pequeño espejo que refleja fragmentos de ella. Inicia la operación: un poco de base para aminorar las imperfecciones de su rostro. Sombras apenas visibles coloreando sus párpados. Rubor en sus mejillas y un ligero toque de negro en las pestañas. El cierre perfecto viene acompañado por el rojo de su labial. Durante todo ese tiempo, María escuchaba el sonido del televisor. En la tele, la paciente es atacada por un filoso bisturí, dejando surcos sobre las líneas azules dibujadas, previamente, sobre su piel. Tranquila, María cree imaginar el olor de los guantes de látex, que pasan cerca de la nariz de la chica anestesiada. María observa su reloj de pulsera, son las 6:24 pm.

Terminó de maquillarse.Paciente, espera a que el reloj marque las 7:00 pm, anunciando la llegada de Miguel. Mientras, decide ver el desenlace del documental en la T.V. Aparece a cuadro el médico cirujano “la operación fue un éxito, esperaremos la reacción del cuerpo ante el implante de labios y la cirugía facial estética”. La pantalla muestra, en entrevista, a los padres de la paciente intervenida, “sucedió hace seis años, ella tenía dieciocho; apenas aprendió a manejar su auto cuando llegó el terrible accidente”, comentó el padre de la joven operada. Entre sollozos, la mamá comenta “Ha sido difícil, debido a su imagen, mi hija no sale de su cuarto, le da miedo ver miedo en el rostro de los otros… y sus labios… sus labios quedaron partidos en cuatro partes, ella era tan joven, tan bonita”.

El documental transcurría. Al mismo tiempo, María escuchaba el ding-dong del timbre de la puerta,“De seguro es Miguel que llegó temprano por mí”,eso piensa. Sonríe y se dirige hacia el gran espejo colocado en su pared, buscando una aprobación general de su apariencia. El ding-dong  vuelve a escucharse, pero esta vez el sonido es más fuerte. Confundida, María se da cuenta de que el ruido proviene de su T.V. mientras, en silencio, los personajes del documental voltean y la miran fijamente; el ding-dong otra vez. Aturdida y despistada, María observa su reflejo en el espejo; atónita, por debajo del maquillaje, observa su rostro desfigurado por profundas cicatrices en su mejilla izquierda; horrorizada, toca sus labios partidos en cuatro partes, dejando a la vista uno de sus dientes. María siente el paso del oxígeno artificial por su garganta, siente la leve presión de la mascarilla que cubre su rostro dormido; se da cuenta de que, no es un documental el que ella mira por televisión; ahora sabe que todo esto es producto de la anestesia, que vive y atraviesa un hermoso sueño donde nunca existió el accidente, donde no hay cicatrices en su rostro, donde no hay dolor en sus labios. Ahora sabe que la realidad, fuera de este sueño, es una pesadilla; aun así, debe despertar. Abre los ojos y está ahí, en una cama de hospital.

Ahora, María puede ver que no hay reloj en su muñeca, en su lugar, un catéter le brinda suero y medicamento segundo a segundo. Gritaría, pero las vendas que cubren su rostro le impiden abrir la boca. Cerca de su oreja se escucha un susurro “Todo estará bien”, de inmediato reconoce la voz de Miguel, su novio, él la acompaña después de la operación. Ella sabe que pasarán meses para que el reloj marque las 7:00 pm, y saldar esa cita pendiente con Miguel, establecida previamente en su sueño. Piensa María “Es cuestión de tiempo para poderte besar… valió la pena”.En los labios de la paciente, una sonrisa.

(Colaboración especial de la Escuela de la Sociedad General de Escritores de México, SOGEM, para La Crónica de Hoy Jalisco)

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