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Guía urgente para afrontar la pandemia por coronavirus

Que no cunda el pánico ante la pandemia por coronavirus

Guía urgente para afrontar la pandemia por coronavirus | La Crónica de Hoy

1.- Que no cunda el pánico. 
El miedo es la epidemia que más rápido contagia, y si una palabra infunde miedo, pero de verdad, es la que todos tenemos en mente desde hace por lo menos un mes: Pandemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró ayer la pandemia por la expansión del COVID-19, pero lo último que necesitamos son masas histéricas vaciando estanterías de supermercados y colapsando hospitales.

2.- Que no cunda el valemadrismo. 
Una cosa es vivir obsesionado y recopilar montañas de víveres y cubrebocas, como si acercara el día del juicio final, y otra creerse inmune. La actual crisis sanitaria es grave porque el contagio por virus que causan enfermedades respiratorias es difícil de contener… y no todos los días se declara una pandemia. La única decretada en lo que va de siglo XXI fue la Gripe A(H1N1), surgida en 2009 en México, con un saldo actualizado de medio millón de muertos. Si la OMS recurrió ayer a esta medida extrema es porque está preocupada por los “niveles alarmantes de propagación” del COVID-19 en el mundo, pero sobre todo está “alarmada por la inacción de los gobiernos”.

3.- Ni el apocalipsis de Merkel ni el negacionismo de Bolsonaro. 
Resumiendo los puntos 1 y 2: No debemos caer en el alarmismo apocalíptico de Angela Merkel, ni en el desdén de Jair Bolsonaro. Aunque la canciller alemana acabe por tener razón ¿de qué sirve decir que entre el 60% y el 70% por ciento de los alemanes podría contagiarse (¡56 millones!), como dijo ayer? En cuanto al presidente brasileño, la noche del martes dijo que existen “elementos de fantasía y ficción” en torno a la nueva epidemia y aseguró que “no estamos en crisis”. Así de inspirado regresó de Estados Unidos, donde se reunió con su amigo Donald Trump, otro negacionista.

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4.- Ante la duda, acuda al manual básico.
Para encontrar el punto de equilibrio en el combate personal a la pandemia (sin caer en la histeria o la germofobia) basta con seguir al pie de la letra el manual que aconseja la OMS, empezando por no llevarse las manos a los ojos o a la boca y lavarse las manos con jabón. Nada de estornudar a los cuatro vientos o poniendo la mano, siempre en el interior del codo, y mientras exista la emergencia sanitaria, ni saludos de mano, ni besos en la cara.
En cuanto al gel antibacterial, como su nombre indica mata bacterias, pero no virus. Sin embargo, es efectivo porque ayuda a controlar enfermedades causadas por bacterias, que bajan las defensas y que podrían agravar el estado de una persona enferma de neumonía por virus. Luego está la polémica sobre si es efectivo el cubrebocas. Los expertos consideran de uso obligatorio en enfermos, incluso aislados, personal sanitario y personas que vivan en un entorno de riesgo alto de contagio. Por otro lado, si el cubrebocas no nos protege de contagios como una coraza, sirve para que al menos no nos llevemos las manos a la boca o nariz.

5.- La obligación de los gobiernos. 
En los que también coinciden los expertos es en la obligación de los gobiernos de adoptar de forma urgente las medidas de control que pide la OMS, tanto en los accesos al país como la adecuación de toda la red sanitaria ante la expansión de la neumonía. Además, el Estado debe destinar recursos con carácter de urgencia al cuidado de los enfermos y (los que puedan) a la elaboración de una vacuna. 

6.- Aislamiento, repito, aislamiento. 
A falta de un antiviral efectivo o una vacuna, lo único realmente efectivo para contener una epidemia es el aislamiento de la persona enferma o sospechosa. Y en los casos extremos (como en el que ya están varios países) declarar la cuarentena allá donde surja un foco de infección. El único ejemplo al que aferrarnos es el caso chino, en concreto el cerco sanitario que impuso alrededor de la zona cero de la epidemia: la ciudad de Wuhan y una extensa región en la que viven más de 70 millones de personas, aisladas del mundo desde hace ocho semanas.
Esta cuarentena obligatoria está dando frutos. Ayer, el gigante asiático reportó apenas 18 nuevos contagios y once fallecimientos por COVID-19. En estas mismas 24 horas, Italia sumó 186 fallecidos. 

7.- Un plan Marshall contra la recesión que viene. 
El efecto colateral del aislamiento obligatorio por culpa del coronavirus -cuyo exponente más claro es la cuarentena en toda Italia- es la parálisis económica. Con la misma urgencia con la que se busca la vacuna (que no se espera hasta dentro de un año), los organismos financieros y los bancos centrales de todos los países deben vacunarse ya contra otra temida recesión global, mediante la inyección masiva de dinero. 

7.- ¿Alguna luz al final del túnel? 
A falta (repito) de una vacuna, para la que expertos de medio mundo trabajan contrarreloj, la luz la aporta la propia naturaleza del coronavirus, cuyo ratio de mortalidad sólo es moderadamente alto entre personas mayores de 70 años con enfermedades previas.
Ester Lázaro, experta en evolución de virus del Centro de Astrobiología de Madrid lo explicó así a El País: “Para ellos no tiene sentido volverse muy letales, pues pierden la posibilidad de que la gente infectada siga haciendo vida más o menos normal, se mueva e infecte a más personas”. Por eso, explica, las epidemias acaban remitiendo,  “porque los virus se hacen cada vez menos virulentos”.
Así es la lógica siniestra de tan poderoso enemigo invisible al que se enfrenta la humanidad.

fransink@outlook.com

 

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