Opinión


Honor a quien honor merece

Honor a quien honor merece | La Crónica de Hoy

Los primeros maestros que tenemos en la vida son nuestros padres, con ellos aprendemos a hablar, a caminar, son el ejemplo de lo bueno y no tan bueno que aprendemos. Son quienes ponen las primeras reglas que debemos seguir, nos gusten o no.

Profesionalmente muchas veces se tiende a seguir la dinámica de la familia; hay algunas con tendencia a los números, al comercio, a las leyes, a la medicina. Cuando se rompen estas tradiciones puede llegar a ser conflictivo el tema, para otros hay apoyo y respeto.

Yo tuve un padre que, sin ser político, se valió de ella para servir a una ciudad; un padre que fue un abogado brillante, apasionado de las leyes, astuto, con grandes habilidades en el derecho penal, quien se graduó con honores y su tesis sirvió, en su tiempo, para modificar la ley de amparo del estado de Jalisco. Un hombre que se podía confrontar con argumentos a los más altos funcionarios, intelectuales o líderes sociales, pero también podía entender y darse a entender con la persona más sencilla, humilde y sin conocimientos. Un gran conversador, pero también un gran oyente.

Amante de la lectura, la música, las tradiciones mexicanas; con un gran respeto al ser humano, sin importar condición socioeconómica ni nivel académico, sembró la semilla del conocimiento en muchos que se motivaron para estudiar una carrera o que él los impulsó.

El respeto que tenía hacia la mujer, a pesar de haber nacido en una época y en un ambiente de machismo, me ha permitido desarrollarme profesionalmente; nunca me detuvo o condicionó para que yo estudiara lo que yo quisiera (a pesar de que mi vocación fue muy disímbola a la abogacía); me dio alas para volar con responsabilidad, me hizo una persona reflexiva y analítica hacia los diversos entornos y eso sí, me enseñó a que no tengo siempre la razón y debo dejar una puerta siempre abierta para otras opiniones y, así,  continuar aprendiendo; me demostró cómo ser fuerte, defender ideales y luchar por lo que uno quiere.

Si lo sé, para cada uno de nosotros, nuestros padres son los mejores; quizá habrá quien diga “mi papá hizo eso y más”, pero hoy quiero aprovechar y a lo mejor hasta abusar de este espacio, por lo que ofrezco una disculpa, para rendir homenaje desde mi corazón a mi padre, un gran roble que me deja muchas enseñanzas y un ejemplo muy grande a seguir en lo profesional y en lo humano. Descansa en paz papá.

 

@RoblesSahagún

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