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Jalisco siglo XIX: Ocaso del Segundo Imperio

Al rendirse, Maximiliano de Habsburgo le entregó su espada al general en jefe, Mariano Escobedo

Jalisco siglo XIX: Ocaso del Segundo Imperio | La Crónica de Hoy

Durante los tres años que reinó el Archiduque Austriaco, el general Ramón Corona no cesó de luchar contra la intervención: sin ejército que comandar formó una guerrilla que se mantuvo activa en la región y que constantemente hostilizó a franceses y a los guerreros de Manuel Lozada; aliado y amigo del Imperio.

Para 1866 el panorama político militar cambió radicalmente. El Imperio de Fernando Maximiliano se derrumbaba con la salida del ejército expedicionario, ordenada por Luis Napoleón III, Rey de Francia. Ante la retirada de los franceses, las fuerzas republicanas retomaron la ofensiva y reconquistaron las plazas antes ocupadas por el enemigo. La manifiesta debilidad del Trono de Maximiliano, obligó a Lozada a desmarcarse de él. Corona, en cambio, levantaba un nuevo ejército, el de Occidente. Con parte de él  recuperó Jalisco y su capital. Le ordenó al Coronel Eulogio Parra invadir el Estado con tres secciones del recién fundado ejército, compuesto por brigadas de Sinaloa y Jalisco.

En total cerca de mil hombres de infantería y caballería se movilizaron de Amatlán a Cuautla, de Ameca a Autlán, de San Gabriel a Sayula y finalmente a Zapotlán, a la saga del ejército imperialista que partía apenas los republicanos se avistaban. Finalmente, el 10 de diciembre, una columna francesa de 800 hombres salió de Guadalajara para reforzar Zapotlán. El Coronel Parra se retiró a Amacueca y Sayulapan mientras los refuerzos imperiales arribaban.

Por siete días la vanguardia del Ejército de Occidente esperó hasta quepor fin encaró en Santa María al enemigo, tras conocer que los imperiales abanaban Zapotlán y se replegaban a Guadalajara. Parra, convencido del éxito de su estrategia, dio la orden de marchar de madrugada. Encontraron a los imperiales en la Coronilla, en las inmediaciones de Santa Ana Acatlán. A las órdenes del coronel Parra, una fracción del ejército (Batallón “Mixto”, Escuadrones “Ocampo” y “Guerrero” y la guerrilla “Martínez”) cubrió una loma pedregosa y de corta elevación; al centro y flanco izquierdo se situaron los demás batallones (“Degollado”, “1er. ligero de Jalisco”) e infantería (“4º. ligero de Ahualulco”); a la izquierda quedó situado un cuerpo ligero (“Lanceros de Ramírez” y la fuerza de vanguardia); la reserva y el parque, al abrigo de este cuerpo, quedaron en la pequeña loma. Así comenzó la batalla.

            Una fuerza de caballería apoyada por infantería francesa y dos cañones atacó la vanguardia del ejército republicano. Replegándose la vanguardia hacia la derecha generalizó el combate. Tras una retirada en falso que el enemigo creyó; el cuerpo de lanceros aplastó por completo la columna francesa y se colocó en la retaguardia del enemigo. Aunque los imperiales seguían pasando carga, el Batallón Degollado resistía valientemente rechazando cada ataque. La caballería de reserva hizo su aparición envolviendo al enemigo. Los imperialistas viendo su número reducido a 150 hombres tomaron rumbo a la hacienda del Plan en franca desbandada; en su huida abandonando artillería y demás pertrechos.

Dos columnas de caballería y el mismo Batallón Degollado persiguieron al enemigo. Los sobrevivientes cayeron prisioneros. El combate acabó a las cuatro de la tarde del 18 de diciembre; duró cinco horas. La columna franco-mexicana, dirigida por el CoronelNapoleón Sayn, quedó completamente destruida.

Eulogio Parra desconocía que su victoria en la Coronilla pondría en fuga a los imperiales de Guadalajara y que éstos rendirían la capital de Jalisco sin combatir. El 20 de diciembre recibió una comisión de jaliscienses que le instaban a ocupar la ciudad.

            El 21 de diciembre de 1866, la vanguardia del Ejército de Occidente entró triunfal a Guadalajara. Los imperiales habían abandonado setenta y un cañones desmontados, un gran depósito de parque, vestuario, víveres y algunas otras cosas, que por falta de transporte, no pudieron llevarse en la huida. La noticia del triunfo de los republicanos en la Coronilla había provocando tal temor entre los imperiales que, a la mañana siguiente, optaron por abandonar la plaza.

Las últimas fuerzas imperiales de importancia estaban agrupadas en la capital y en la ciudad de Querétaro. Al frente de estos últimos ejércitos leales a Maximiliano estaban los generales conservadores Miramón, Márquez, Mejía y un antiguo liberal, Santiago Vidaurri. Creyendo que Querétaro resultaba mejor plaza para resistir a los ejércitos republicanos, el Emperador se trasladó con su estado mayor a esta ciudad y con el grueso de ejército. Aunque el gobierno de Juárez quiso distinguir a Ramón Corona encomendándole la operación de sitiar la plaza; el general jalisciense rechazó el ofrecimiento a favor de Mariano Escobedo.

El episodio histórico que dio fin al Segundo Imperio, Corona estuvo presente en el momento en que capituló el emperador, Fernando Maximiliano de Habsburgo. Víctima de la traición de un oficial de baja graduación de nombre Miguel López, el emperador se vio sorprendido y preso por sus enemigos; al rendirse oficialmente ante el ejército republicano intentó entregarle su espada al propio Ramón Corona; éste le indicó que la envainara pues no era él a quien debía dársela en señal de rendimiento, sino al general en jefe, Escobedo.

 

 

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