Opinión


Jon Krakauer

Jon Krakauer | La Crónica de Hoy

Fue gracias a su memorable adaptación cinematográfica que conocí “Hacia rutas salvajes”, libro del periodista, escritor y montañista Jon Krakauer.

La cinta, que Sean Penn llevó a la pantalla grande en 2007 y fue protagonizada por el casi olvidado Emile Hirsch, me sorprendió y conmovió a niveles insospechados. Había detrás de la anticipada tragedia, detrás de la loca odisea emprendida por un joven norteamericano, un pulsante deseo de libertad. Había, más allá del viaje imposible, de la que parecía una quijotesca aventura, un anhelo profundo por lo que supuse, entonces, un necesario silencio del mundo.

Y sí, el acierto con Eddie Vedder, vocalista de Pearl Jam en su banda sonora tuvo, se los aseguro, muchísimo que ver también.

            Escrita en 1996 como un reportaje original para la revista “Outside”, la historia sigue el destino, real, verídico y trágico, de Christopher Johnson McCandless: joven que, proveniente de una acomodada familia de los suburbios, decidió, allá por 1990, emprender un viaje sin rumbo aparente. Sin avisar a nadie sus intenciones, sin anticipar debidamente su destino, Christopher se lanzó en una travesía a lo largo y ancho del país que, dos años más tarde, le provocaría la muerte.

El punto final de su recorrido, ya lo anticipa un poco el título y la portada del libro, es nada menos que un camión abandonado en la remota, mítica y peligrosa Alaska.

Krakauer, entendido y experimentado en el tema, fue reconstruyendo la ruta que siguió el chico a través de los testimonios, las conmovedoras entrevistas, con todas aquellas personas que lo conocieron en las últimas etapas del mortal recorrido. Con acertados comentarios, con atinadas observaciones sobre lo que pudo haber pasado y sufrido el muchacho, nuestro autor abre también la puerta a más interesantes cuestiones: ¿Qué orilló a Christopher, un chico que prácticamente tenía su vida resuelta, a olvidar todo y emprender el riesgo?

El muchacho no era un experimentado senderista, no sabía cazar, ni se distinguía (como muchos norteamericanos) por el espíritu campista.

Alaska representaba un reto tremendo: una meta para la que, sencillamente, no estaba de ninguna manera preparado.

Y sin embargo, en una fotografía, se le ve feliz y tranquilo… 

 

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