Contrabando devora la industria de telas... y va por la confección | La Crónica de Hoy - Jalisco
Facebook Twitter Youtube Martes 24 de Septiembre, 2019

Contrabando devora la industria de telas... y va por la confección

Contrabando devora la industria de telas... y va por la confección | La Crónica de Hoy - Jalisco

El sector trabaja en números negativos. Textileros han recurrido al estampado y teñido de tela para eludir el cierre. La industria pide al gobierno frenar el contrabando.

 

[Segunda Parte]

Para ingresar al país contenedores con tela de contrabando, sin pago de impuestos, “el moche va de 250 mil a 300 mil pesos, más lo que te cobren por llevar la mercancía a tu bodega”, revela Saulo Alberti, quien un tiempo llegó a distribuir más de 10 toneladas de tela a la semana entre los confeccionistas de ropa del corredor Chinconcuac-Texcoco.

“Sólo llámame Saulo”, dice, y pide resguardar otros detalles de su identidad, “porque la mafia no se tienta el corazón”.

Su testimonio no suscita sospecha, porque está en sintonía con el diagnóstico de la Cámara Nacional de la Industria Textil (Canaintex). José Cohen Sitton, presidente del organismo, va más allá del denominado contrabando bronco, el cual esquiva los procesos aduaneros y fiscales mediante sobornos.

“Los textileros trabajamos con números negativos, y no es necesariamente por la desaceleración de la economía, sino por la ilegalidad, el contrabando en todas sus modalidades: técnico, bronco, subvaluación, abuso de programas sectoriales como el de importación temporal de prendas terminadas, triangulación de mercancías, facturas falsas”, dice.

Además de la entrada invisible y furtiva, el 40 por ciento de las mercancías con acceso ‘legal’ —en el papel— están subvaluadas, y de este universo, el 53 por ciento ni siquiera cubre el valor de la materia prima. Como ejemplo, una playera de algodón, con un precio internacional de un dólar, es introducida a territorio nacional en 10 centavos de dólar, lo cual ni siquiera cubre el precio del algodón en el campo, en bruto.

De forma adicional, el sector es dañado por un alto índice de informalidad: el 60 por ciento de las telas y prendas comercializadas provienen de especuladores especializados en evadir impuestos, cuyos trabajadores no están inscritos en el Seguro Social, ni pagan prestaciones y quienes realizan el 100 por ciento de sus operaciones en efectivo.

—¿Cómo pueden estos seudoindustriales incorporar su mercancía a los canales formales, colocarla en tiendas? —se pregunta a Cohen.

—Usan facturas anómalas, ahí están las factureras: empresas que les venden esas facturas y ellos todavía tienen la osadía de robarse la diferencia del IVA.

Otros abusan de programas sectoriales como la importación temporal, la cual permite introducir mercancías para su posterior y supuesto reenvío al extranjero. En realidad, es una farsa: el método es usado para evitar el pago de IVA y aranceles y los productos jamás retornan al país señalado: trajes a 32 centavos de dólar, prendas de mezclilla a 17 centavos de dólar…

Una argucia más es la triangulación de artículos textiles: vienen de países asiáticos, pero son colocados en tránsito en Estados Unidos para simular su fabricación ahí, alterar el lugar de origen e incrementar su precio, para luego ser introducidos a México vía terrestre.

“La industria textil, que comienza desde las fibras, hilaturas y fábricas de tela, ya no está pudiendo vender. Y el problema será peor, porque la importación de prendas terminadas viene creciendo a una tasa impresionante, lo que quiere decir que el fabricante que ha recurrido a telas de contrabando para competir, ya ni siquiera con eso podrá hacerlo, porque las prendas entrarán más baratas del precio que él puede ofrecer. Es una fórmula perfecta para el desastre de toda la cadena”, alerta el presidente de la Cámara.

NICHOS OBLIGADOS. Saulo ha encontrado en el estampado y el teñido de tela el camino para eludir el cierre y el despido de todos sus trabajadores. “Y los chinos con sus bodegas abarrotadas de tela contrabandeada, en el centro de la ciudad, en Vallejo, en Naucalpan o en Neza”, se queja.

Otros distribuidores moribundos han seguido el mismo camino, y se han concentrado en trabajos de tinta y grabado, o en la reducida fabricación de productos cien por ciento de algodón o acrílicos para tejido de punto, suéter o uniformes escolares, nichos obligados.

Algunos más han incursionado en la regeneración de hilo o en el rescate de desperdicio de fibra.

“Al no hacer tela, ya no consumimos hilo. El mercado en Puebla, donde se producía, está destrozado. Y también la industria petroquímica para la elaboración de acrílicos”, dice Néstor, otro almacenista en etapa de quiebra.

“Si pagamos impuestos, un metro de tela, por ejemplo, te viene saliendo a 22 pesos, no hay margen de ganancia y el mercado te come y sobre todo es mucho el riesgo de que te roben el contenedor y aparezca en el mercado negro. Imagínate perder un contenedor de 2 o 3 millones de pesos. ¿A quién le reclamas, si todos están coludidos?”, describe Saulo.

“En cambio, lo ilegal pasa por la parte de atrás. ¿Qué nos queda? Conviene comprar ahí, te baja 4 o 5 pesos directo en tu local, por eso el contrabando cada vez se extiende más”.

—¿A quién le compran la tela?

—A los chinos, muchos están en el centro de la ciudad, en Jesús María. Se hizo una mafia de bandas de Medio Oriente que tienen contactos en China, juegan el papel de brokers y negocian con las fábricas asiáticas para enviar la tela a México. También hay agentes que saben el movimiento arriba, pero casi no hay mexicanos, la mayoría son orientales. O empresas que hasta tienen oficinas en China. Lo malo es que si vas con ojos cerrados, te pueden mandar una mercancía que no es la que necesitabas o de mala calidad, ahí se vuelve una estafa, y eso ha pasado con muchos clientes que igual debieron tirar la toalla.

—Si intentas ingresar de manera derecha la mercancía…

—Quedas muy expuesto, además de que te retrasan los trámites, se dispara la inversión porque tendrías que pagar seguro y custodios, por la alta probabilidad de que te roben tu tráiler. La mafia te agarra porque te agarra, no la puedes brincar. A muchos los han quebrado así.

—¿Qué tendría que hacer el nuevo gobierno?

—Purgar al personal aduanero, porque en la red está inmiscuido el personal de Aduanas, descubrir dónde está la fuga, quién es el cerebro, quién filtra información y se queda con la mercancía y el dinero.

“Las telas ya no las hacemos aquí; todas entran de fuera, de China y de India, y estamos excedidos. ¿Dónde quedó esa industria textil nacional? Entre escombros”, comenta el ingeniero textil del IPN Raymundo Rayas.

Cuando el textilero Abraham Mohedano intentó levantarse, el crimen lo alcanzó: fue secuestrado y despojado de la mercancía que aún guardaba en sus bodegas.

“El contrabando ya se devoró la industria de las telas, y va por la confección, y el gobierno no lo debe permitir, porque muchas familias mexicanas viven de eso; donde empiece a desbordarse la importación de ropa ya elaborada, truena todo el mercado”.

—¿Y puede resurgir la industria?

—Claro, ahí están las fábricas de poliéster, hilatura, algodón… ¿Cuántos venden en los tianguis? Miles, millones y ahora los que están distribuyendo son los chinos, se les puede poner un tapón. Si el presidente López Obrador pudiera frenarlo, de aquí a diciembre la industria nacional podría revivir.

—¿Y cómo?

—Atacando de fondo el contrabando y las prácticas ilícitas de importación, prohibiendo los subsidios abusivos de los gobiernos asiáticos, y poniendo a la Guardia Nacional en las Aduanas, con una rotación periódica, para que no se dé pie a corruptelas…

 

LOS DATOS

► Los textileros mexicanos exportan 6 mil 700 millones de dólares al año; pero la mercancía o prendas que envían al extranjero no pueden comercializarlas en territorio nacional, por la ilegalidad que predomina en el sector.

► El quiebre de la industria pondría en juego más de un millón 350 mil empleos directos, sin tomar en cuenta el consumo en el sector agropecuario, porque prácticamente todo el algodón cosechado en el país es absorbido por los textileros, lo cual representa el 50 por ciento de lo que necesitan; el otro 50 es requerido a Estados Unidos, por falta de suministro nacional.

 

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